La culpa en nuestra vida

La culpa es una de las emociones que más presente está en nuestra vida.

Cuando la emoción de la culpa está muy presente en la vida de una persona, esta vive como que no acaba de sentirse cómoda con ella misma, lo que pasa fuera,  imagina que es porque ella no está a la altura de la situación, y se vive todo el tiempo en una exigencia muy grande que impide la fluidez de los hechos, es como si viviera un examen continuo, se siente incapaz de hacer las cosas como realmente las haría, como si esta capacidad no estuviera todavía llena y no pudiera expresarla fuera, todo el tiempo está hablando de lo que ella no ha hecho bien. Es una persona muy exigente, le importa mucho más como va a resultar ella que el vivir la experiencia..

Es  importante que nos demos cuenta de la capacidad que tenemos de autoexigencia, como que queremos ser un modelo perfecto de algo, nos parece importante que demos la talla en cualquier situación, nos importa más responder a ese modelo que ser humanos, sencillos, naturales y hacerlo.

La culpa puede tener que ver con haber tenido un padre muy exigente y autoritario, de tal manera que no había un diálogo fluido con él, incluso puede ser un diálogo inexistente. O un padre físicamente ausente, o que está pero no habla. Es importante mirar la relación que se ha tenido con el padre, porque el padre que yo digo que tengo es la manera en que yo me muevo en el mundo. Hasta que me doy cuenta y entonces tengo la posibilidad de hacer algo diferente. Por ejemplo: Si mi padre no sabe ir a un sitio sin llevar algo en la mano, un postre, unas flores, una botella de vino…, yo me veo incapaz de ir a ese sitio sin nada en la mano. O sea, la manera en que mi padre se relaciona con los otros es la que yo he adoptado hasta que soy consciente de ello.

También la culpa tiene mucho de inhibición, me tengo que ir hacia dentro a revisar esa experiencia y darme cuenta hasta qué punto he sido yo la causante del tema. Y en esta área que yo estoy revisando no vuelve a haber una experiencia hasta que la revisión sea completa, por ejemplo, he terminado una relación en la que yo me creo que no he dado la talla, hasta que yo no me resuelva esto por dentro y no me dé cuenta de cómo vivo, de cómo me exijo, de que me creo… hasta que yo no termine de hacer esta exploración, fuera no puede haber otro hombre. El hombre tiene que ver con la mente, la mujer con el sentimiento, hasta que yo no tenga una mente que sea más compasiva conmigo, que cuando me explique las cosas no sea torturadora, ni tan autoexigente, ni tan cruel, ni me haga sentar en el banquillo, hasta que tenga una mente más compasiva no voy a poder encontrar una relación con un hombre, tanto si soy hombre como mujer. Por lo tanto, es necesario cambiar mi manera de interpretar las cosas, el dolor  que me produzco a mí misma, para no atraer más a esa persona que da por supuesto que yo tengo la culpa. Por ejemplo, imaginemos que se acaba una relación y la otra persona  dice: “ y acabamos porque tú eres culpable de…”, que te diga que has dejado la relación desierta, o que nunca has atendido sus caprichos, lo que sea, esto quiere decir que aceptas la culpa. Si tengo esta persona a mi lado que me dice esto es porque yo también creo eso de mí, y hasta que yo no revise mis bases en las que me creo eso que me han dicho, no podré atraer a otro tipo de hombre en mi vida, él será la voz de lo que yo me creo y debo revisar. Y muy probablemente esto viene del padre, ese padre con el que no se podía conversar, no se podía llegar al entendimiento, las cosas eran de una manera o de otra pero no se podía hablar de los procesos intermedios, ni mucho menos de sentimientos, había que hablar de hechos, de cómo prepararte para uno o para otro, pero no de la parte vulnerable en la que te sentías indefenso… Y ahora todo esto no es posible y es que tú no has aceptado de ti la parte más vulnerable.

Al terminar una  relación de pareja en la que te sientes culpable de la ruptura, es darte cuenta de algo muy simple, como decirte: “Oye, pues en esta relación en realidad no había nada que arreglar, solamente que no había más que vivir, que se acabó el motivo del encuentro.” Entonces, nadie tiene la culpa, ese era el último día. Y cuando te das cuenta de esto, es una revelación muy grande, te sucede, lo sientes en todo tu cuerpo, en todo tu ser.

Podemos relacionar la culpa con un arquetipo militar, a veces tenemos un tiempo por delante y estamos marcando horarios a cada dos por tres. Hasta las 3h me permito comer, hasta las 4h fregar platos, hasta las 6h estudiar la lección… pero es que llega el domingo y es lo mismo, ¿pero no era para hacer lo que quisiera el domingo? Uy no! Porque el domingo es cuando puedo hacer esto y lo otro y si no haces nada puedes estar castigándote porque no has hecho aquello y no te permites disfrutar de lo que tienes delante. Y eso tiene que ver con ese arquetipo militar que no te permite ser natural contigo mismo/a. Y entonces te vuelves obsesivo en el deber y tienes cuadros melancólicos, porque claro, el alma llora.

La culpa es ignorancia, es tener una mirada muy limitada, no me doy cuenta de la totalidad del hecho. La sabiduría nunca me daría la culpabilidad, me daría el conocimiento de la experiencia que está sucediendo, no calificaría la situación, no culparía al árbol porque no ha dado un fruto maduro, dirá que qué le habrá pasado al árbol que no pueda dar su fruto, deja el proceso abierto, sin embargo nosotros podemos decir que no hemos conseguido el resultado y ponernos del revés.

Cuando yo digo que soy culpable de algo es porque no estoy conociendo la totalidad del tema, no es que me despistara y no me diera cuenta de que esta relación se estaba acabando, es que hubiera acabado del mismo modo, es como que de pronto ves que el fruto cae y dices, pero si se hubiera caído igual! La culpa viene porque queremos mantener  una situación anterior para tener un resultado exitoso, e igual el éxito es que haya terminado pero una se queda atascada en que no era su propósito y no se ha cumplido.

Ahora puedes decirte: “ Yo ya sé ponerme horarios, ahora voy a ver qué me ofrece la vida!”

Gracias.

Maria Solsona Pairó

Reflexóloga y profesora de Reflexología Podal Holística

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