¿Qué cuenta nuestro rostro sobre nosotros?

La frase popular “la cara es el espejo del alma” tiene base científica.

¿Sabías que los cambios que se reflejan en el rostro están directamente influenciados por lo que nos ocurre y cómo lo asimilamos?

La morfopsicología estudia precisamente ese lenguaje del rostro, descubriéndonos lo que cuenta sobre nuestra forma de ser y de afrontar la vida.

En el rostro se localizan cuatro de nuestros sentidos que no están en el resto del cuerpo: vista, oído, olfato y gusto. Esa característica hace especialmente importante el estudio de la cara para tener información sobre la persona.

Nuestros ojos, nuestra nariz y nuestra boca nos proporcionan informaciones únicas y valiosas de cómo percibimos e interactuamos con el mundo.

Nuestros receptores sensoriales son los accesos para entrar a nuestro mundo interior y salir a nuestro entorno. Además, como el rostro suele estar siempre al descubierto, resulta la parte más cómoda y socialmente aceptada para observar a una persona.

Por otra parte,varios estudios han demostrado la gran interconexión entre el cerebro y la cara. Si ponemos una cara de alegría, nuestro cerebro percibe una sensación de alegría; en cambio, si la ponemos de asco, lo que percibe es asco.

Como señala Benoît Corman, morfopsicólogo y profesor de esta disciplina en Mens Venilia, «la morfopsicología es una herramienta de comprensión, de cómo funcionamos y de que es lo que motiva nuestro comportamiento. Nos permite entender por que nos parecen difíciles ciertos aspectos de la vida e identificar en que tipo de entornos y de actividades nos sentimos cómodos, y así aprovechar mejor nuestro potencial».

La morfopsicología también estudia la evolución de la forma del rostro con el tiempo y qué fuerzas lo moldean.

ANÁLISIS MORFOPSICOLÓGICO

En este tipo de estudios se observa y describe las distintas partes del rostro siguiendo un protocolo establecido.
En líneas generales, los aspectos básicos en los que se centra el estudio son:

       

  • El esqueleto facial o marco óseo: representa la energía vital de cada persona.
  • El triángulo de los sentidos: es la zona comprendida por ojos, nariz y boca, y donde se establece la intercomunicación entre la persona y lo que le rodea.
  • La carne y los músculos que dan forma al rostro: ofrecen información sobre la forma de adaptación al entorno.

 VISIÓN GLOBAL

Es necesario considerar conjuntamente los rasgos de la cara. Un análisis de cada uno por separado puede llevar a errores de interpretación. La relación entre las diferentes partes de la cara es tan elevada que no pueden ser interpretadas de forma aislada. «AI igual que un buen traductor busca el sentido general de una frase para elegir la traducción exacta de una palabra, el morfopsicólogo analiza cómo interactúan las distintas partes del  rompecabezas», explica Benoît Corman.

LAS TRES ZONAS DEL ROSTRO

El experto es capaz, partiendo de esa visión global, de deducir el funcionamiento y las aptitudes de la persona a nivel intelectual (el tipo de pensamiento y de inteligencia), afectivo (las relaciones) e instintivo (el aspecto material y físico).

Podemos ver en el rostro tres zonas. Cada una de ellas se corresponde con uno de esos tres aspectos de la personalidad. Según el volumen de cada zona y su nivel de equilibrio se puede saber en qué aspecto de la vida se encuentra más a gusto cada uno y el aspecto en el cual cree estar menos dotado:

           

• Zona superior: Ahí está la vida intelectual, representada por la frente, las cejas, las sienes y los ojos.

• Zona media: Es donde se sitúa la parte social. y afectiva, entorno a la nariz, los pómulos, el maxilar superior y las mejillas.

• Zona inferior: Refleja, la vida instintiva, y comprende desde el espacio nasolabial a la barbilla.

El estudio del rostro es una de las áreas más apasionantes que se han abierto en los últimos tiempos sobre el estudio del ser humano. Os invitamos a que la conozcáis más en el curso que se impartirá próximamente en Mens Venilia.

Artículo cedido por Benoît Corman

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