Sócrates: el primer coach de la historia

En el mundo actual es difícil encontrar un momento de nuestras vidas en la que no aparezca la figura del coach como agente motivador del cambio, utilizando el diálogo como acción reflexiva en su oficio de acompañarnos en el desarrollo de nuestras habilidades, pero no siempre fue así.

¿Cuándo surge la figura del coach?

En la década de los años 60, la competitividad en el deporte requería implementar estrategias innovadoras que mejoraran los resultados. Esta necesidad permitió que comenzara a cobrar fuerza un novedoso método llamado coaching impulsado por un coach o entrenador.

El coaching se adaptó perfectamente para ser probado de manera inmediata, causando tal revuelo por la contundencia y eficacia de sus resultados que empezó a introducirse en los seminarios empresariales, apareciendo más tarde en reportajes de televisión como un fenómeno novedoso que cambiaría nuestras vidas.

Hoy en día, tenemos la impresión de que el arte del coaching fue diseñado para el hombre moderno. Por ello es habitual incluir en nuestras conversaciones el término coach al hablar de especialistas en aspectos como el deporte, la nutrición, el desarrollo profesional e, incluso, el crecimiento espiritual y personal.

El verdadero origen del coach

Seguro conoces la frase “todo viene de Grecia”, el coaching no iba a ser la excepción.

Es necesario adentrarnos en la Grecia del 450 A.C. para dar con la era que los expertos han definido como la del nacimiento del coaching siendo, nada más y nada menos que Sócrates su precursor indiscutible.

Considerando el momento histórico y el legado de su fundador, es fácil deducir que este método representa el punto de partida que sentaría las bases sobre el estudio del comportamiento humano.

Afirmar que Sócrates fue el primer coach de la historia no tiene nada de descabellado. Su interés por ayudar a las personas a comprenderse mejor y así sacar el máximo de sus capacidades, le llevó a valerse de la herramienta más poderosa que tiene el ser humano para cambiarse y cambiar el mundo: la palabra.

A través del diálogo constructivo, Sócrates logró desarrollar un método introspectivo que llevaba a sus discípulos a estados de reflexión tales que producía en ellos una experiencia tan reveladora que a menudo era definida como alumbramiento del espíritu y del conocimiento.

Este importante método es conocido en el mundo de la filosofía como método socrático, aunque el mismo Sócrates prefirió llamarlo El arte de la mayéutica, tal como revelan los escritos de sus discípulos y que hoy conocemos como coaching.

La mayéutica y los orígenes del coaching

Fiel a su principio de “conócete a ti mismo”, Sócrates asentó magistralmente la labor del coach como esa persona con cualidades de maestro u orientador que es capaz de emplear sus habilidades comunicativas para hacer que, quienes la escuchan, logren descubrir y discernir con claridad el potencial y la fuerza transformadora que se esconde en cada uno de nosotros.

Históricamente, la mayéutica se ha vinculado con la medicina y las labores de parto o alumbramiento, por lo que es probable que el filósofo tratara de ilustrar la importancia de reflexionar como única vía hacia el nacimiento de nuestro nuevo ser a partir del conocimiento.

La genialidad de Sócrates ha trascendido su tiempo, convirtiéndose en una herramienta de valor incalculable para el hombre del siglo XXI que se encuentra en la búsqueda permanente de la excelencia.

Su mayor logro es hacernos entender que el coach no nos enseña, sino que se dedica a revelarnos aquello que aún no descubrimos, pero que está en nosotros esperando para convertirnos en nuestra mejor versión.

El método socrático: la base del coaching actual

El coaching representa la armonía entre lo moderno y lo clásico, manteniendo principios tradicionales que se ajustan con las necesidades actuales. Es así como notamos la poderosa influencia filosófica y psicológica que lo sostienen, y sus aplicaciones en todos los ámbitos.

Su pretensión es simple, aunque no por ello sencilla: que el discípulo, estudiante o aprendiz logre cuestionarse a sí mismo ante diversas situaciones y circunstancias, con el fin de que saque el mejor partido de sus experiencias y conclusiones.

Para tal fin, el método socrático utiliza herramientas generadoras de sentido como la ironía, la refutación y la mayéutica.

La ironía socrática

Como parte de un importante número de figuras retóricas, Sócrates empleaba la ironía para generar un contraste en las ideas o insinuar una interpretación, diciendo exactamente lo contrario, para guiar a sus discípulos a ese parto que sentaría las bases de un conocimiento más significativo y transformador.

La refutación

Más que una habilidad, es un arte que se basa en la interrogación, empleando las preguntas idóneas que muestren al interrogado que sus creencias o conocimientos son contradictorios o falsos. La refutación no se trata de esgrimir el punto de vista o perspectiva del coach, sino de que este tenga la destreza de revelar las contradicciones en los argumentos o acciones de los otros.

La mayéutica

La misma certeza que nos lleva a reafirmar a Sócrates como el primer coach de la humanidad nos mueve a apostar que la mayéutica forma parte del regalo que Prometeo intentó hacernos a los seres humanos que, al igual que Sócrates, fue condenado por tal atrevimiento.

La mayéutica intenta demostrar que el espíritu de cada persona tiene las respuestas que lo ayudarán a ser plenamente a lo que está destinado.

 

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