“¿Un buen formador nace o se hace?”

En numerosas ocasiones y por diversas circunstancias todas los que hemos realizado formación para adultos en el entorno empresarial, hemos descubierto que es un auténtico reto captar el interés de los asistentes para conseguir que éstos sigan el hilo de nuestras enseñanzas. Este reto se incrementa cuando lo que precisamos trasladar no son conocimientos teóricos sino habilidades en el uso de herramientas o competencias que exigen el desarrollo de una determinada práctica.

Por supuesto existen las corrientes de opinión que postulan “que el maestro aparece cuando el alumno está preparado” y por lo tanto trasladan la responsabilidad del proceso del aprendizaje al alumno. En este escenario el formador solo debe de conocer la materia, es decir ser experto, y el alumno deberá hacer todo el esfuerzo para comprender la misma y hacer que forme parte de sus conocimientos y habilidades, aplicando su propio método para ello.

¿Con cuál de las dos opiniones te sientes más identificado? ¿La responsabilidad es del alumno? ¿La responsabilidad es del que enseña? ¿Repartida por igual entre ambos?

Sea cual sea la respuesta, es muy recomendable evitar situaciones como la que me encontré recientemente en un cliente, dónde después de dos semanas de formación a los nuevos colaboradores del Servicio de Atención al cliente, el resultado estaba siendo deficiente, el personal estaba desmotivado e insatisfecho y los clientes llamaban una y otra vez porque las cuestiones que planteaban no se resolvían a la primera.

¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué las dos semanas de formación no han cubierto el propósito de tener personal formado para acometer las nuevas responsabilidades de su puesto de trabajo? ¿Cómo evitar que estas circunstancias se produzcan en nuestro centro de trabajo u organización?

 

CÓMO DESARROLLAR CURSOS QUE TENGAN ÉXITO

Por obvio que parezca hay que establecer un objetivo muy claro, seguro que esto ya os suena de otros artículos aparecidos en Mens Venilia, ya que sin él es difícil trazar la hoja de ruta para nuestro camino.

Adicionalmente en la fase de preparación es recomendable:

–   Delimitar claramente los contenidos teóricos del curso

–   Establecer la duración necesaria para ello

–   Desarrollar los ejercicios o prácticas para asentar la teoría

–   Identificar los expertos en la materia a enseñar, es posible que tenga que intervenir otras personas de la organización

–   Verificar el tiempo necesario para cada uno de los apartados del curso

–   Planificar la disponibilidad y revisar el estado del entorno de aprendizaje: aula, material, videos, pizarra,…

–       …

Al final de esta fase tenemos un documento que es el guión de nuestro curso y la parrilla de la planificación, ambas cuidadosamente detalladas, porque la mejor improvisación es aquella que no se improvisa. Estas herramientas son de gran ayuda para todos los formadores y en el curso aprendemos a elaborarlas.

A continuación ya tenemos el “guión de nuestra obra”, empieza la fase de impartición o …

 

LA PUESTA EN ESCENA DE LA FORMACIÓN

Una buena preparación guiada por la claridad del objetivo es condición  imprescindible pero no suficiente. Al igual que en las películas, un buen guión cuyos actores no viven los personajes, resulta poco creíble o convincente y nos hace perder rápidamente el interés, así que vamos a preparar cuidadosamente la puesta en escena.

Para mantener a los alumnos centrados en lo que está ocurriendo en el aula, en el aquí y en el ahora, es muy recomendable establecer el adecuado clima de interés, atención y participación de los asistentes.

Una buena técnica que debe usar el formador es comprometer a sus alumnos, preguntado cuáles son sus expectativas al inicio  del seminario, taller o curso,  y en el cierre preguntando nuevamente que se comprometen a aplicar al volver de nuevo a sus puestos de trabajo u ocupaciones.

La puesta en escena requiere que manejemos con soltura todo tipo de recursos:

–       Cuidar nuestra imagen y equipararla al contexto en el que vamos a trabajar

–       Aplicar los rompe-hielos que fomenten la participación de los asistentes

–       Prestar atención a nuestra postura corporal, nuestra voz, nuestros gestos…

–       Usar el lenguaje adecuado en cada momento, las preguntas, los silencios…

–       Gestionar al grupo y a los diferentes tipos de asistentes

–       Utilizar de la forma correcta y en el momento correcto los materiales (ejercicios, videos, dinámicas de grupo,…)

–       …

En este último punto, y como un ejemplo vale más que mil palabras, os acompaño uno de los videos que utilizo para ilustrar por que las preguntas cerradas no fomentan la participación, en mis cursos. El humor es un facilitador del aprendizaje muy potente y cuyo uso os recomiendo!

https://www.youtube.com/watch?v=D1giqAzlaCk&feature=related

 

EVALUAR RESULTADOS Y MEJORAR LOS FORMATOS

Si quieres ser excelente en cualquier cosa que hagas, es fundamental pedir feedback a los que te rodean y eso es lo que hacemos en Mens Venilia con nuestros alumnos.

Diseñamos un cuestionario para ver si hemos cubierto las expectativas del curso, si la duración, el entorno, los ejercicios, los materiales,…etc, han sido del agrado y pedimos sugerencias de mejora para futuras ediciones de nuestro taller, seminario o cualquiera que sea el formato que hayamos seleccionado.

Al final del curso, de dos días de duración, además de tener método y herramientas, te llevarás alguna que otra sorpresa muy útil para que consolides tu faceta de formadora, ya sea de forma recurrente o esporádica, e incrementes tus recursos y tu CV en un entorno profesional cada día más exigente y retador.

María Jose Peraza,

Máster de PNL

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